El síndrome disejecutivo implica falta de maduración en el lóbulo frontal y trae dificultades en la regulación de la conducta. Foto: Alfredo Lagla/ Educacción.

El síndrome disejecutivo implica falta de maduración en el lóbulo frontal y trae dificultades en la regulación de la conducta. Foto: Alfredo Lagla/ Educacción.

mochila

¿Cómo trabajar con un niño con síndrome disejecutivo?

Mariela Rosero

El niño de primaria a veces repite “no puedo, soy malcriado, soy malo para…”. Esto porque algunos profesores se lo dicen seguido. Lo apunta Paloma Sotomayor, neuropsicóloga, quien recomienda usar otra estrategia con niños con problemas de comportamiento o de conducta.

Lo mejor es que los profes se acerquen y le digan: “uy, qué tranquilito que estás. Me encanta cómo estás trabajando, sigue así, muy bien”. Deben hacerlo antes de que ocurra una conducta disruptiva, así le crean la conciencia de que recibe buenos comentarios cuando está tranquilo, “en lugar de esperar a que esté rebotando contra las paredes, para señalarlo porque ‘ya estás parado otra vez’. Eso es un mensaje negativo”.

Sotomayor realiza evaluaciones completas, que sirven para medir la memoria, el nivel de atención, la organización y control de impulsos, también el coeficiente intelectual; además que descartan dificultades de lenguaje o incluso algún tipo de discapacidad.

Uno de los síndromes que aún no están completamente caracterizados o estudiados, dice, es el disejecutivo, que implica falta de maduración en el lóbulo frontal. Y que trae dificultades en la regulación conductual, problemas en la organización, planificación, control de impulsos y flexibilidad mental. Esos niños son algo oposicionistas, van como en contra de las reglas. No tiene relación con el trastorno negativista desafiante, que muestra rasgos de confrontación directa con la autoridad.

Algunas características del síndrome disejecutivo son parecidas a las del Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), pero Sotomayor aclara que son temas diferentes. Los primeros no tienen problemas de atención. Pero sí puede ocurrir que tengan cierta inquietud, un cierto factor emocional, que genera frustración por no poder recibir una respuesta inmediata.

La neuropsicóloga recomienda trabajar con los maestros para que, por ejemplo, no digan ‘otra vez estás perdiendo tus materiales, nunca traes las cosas’. “Los padres debieran buscar colegios con menos alumnos en clase, menos cuadrados, son niños que funcionan mucho mejor en grupos pequeños, si tienen 40 compañeros es más difícil, más posibilidades de que se distraigan. Los profesores deben ponerles más atención, preguntarles ¿entendiste la explicación? Pedirles que repitan las instrucciones que acaba de dar, hacer una instrucción más personalizada”.

Es importante que los profesores sepan que una cosa es la inteligencia y otra la disfunción ejecutiva. Al medir la inteligencia se observa el nivel de vocabulario, los conocimientos, los razonamientos. Mientras que en la función ejecutiva se mide cómo aplica esto, es muy de aplicación, un niño puede ser muy inteligente pero le digo tienes que pasar de aquí hacia acá las fichas con tantas reglas.

Sotomayor apunta que para ciertas cosas hay que ser muy ejecutivos, pero no es que solo los ordenados son exitosos en la vida, no necesariamente. En sus diagnósticos evita asustar a los padres, les explica que sus hijos sí van a poder llegar lejos, pero es importante que se organicen quizá de un modo diferente, que haya más rutinas en casa. Los niños pueden llevar los platos al lavabo y si tienen edad para hacerlo, lavarlos. Necesitan estructura, responsabilidades. Y se convierten en profesionales exitosos, se ayudan de una asistente, se organizan con papelitos o recordatorios, etc.

Profesores y padres deben saber que un niño con disfunción ejecutiva puede expresar frustración extrema, se siente mal, tiene ganas de gritar, de botar cosas, es inflexible porque quiere algo en ese momento que lo pide y quiere recompensa inmediata. Los profesores pueden trabajar con ellos en los turnos, ellos quieren ser los primeros y se puede empezar a regularles diciendo primero tu compañero, luego tú. Tampoco es positivo que les pongan en el turno 30.

En los salones de clase ayuda mucho si son ayudantes del profesor, hay que hacerlos sentir importantes, dice Sotomayor, pedirles que borren el pizarrón , eso les ayuda a relajarse también. Algunos profes los ponen junto a ellos, en un escritorio, eso puede servir, para manejarlos, pero hay que recordar que son muy frágiles emocionalmente y se debe mostrar que no son los únicos que se ubican ahí.