Como parte de su plan de enseñanza, la docente pone en práctica juegos en su clase, les hace bromas e incluso se sienta en el piso junto a los chicos, para estar más cerca de ellos.

Como parte de su plan de enseñanza, la docente pone en práctica juegos en su clase, les hace bromas e incluso se sienta en el piso junto a los chicos, para estar más cerca de ellos. Foto: UTE en colaboración con EL COMERCIO

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Silvia usa el juego para acercarse a sus alumnos

UTE en colaboración con EL COMERCIO

Más que formar a sus estudiantes para obtener 10 sobre 10, Silvia Suárez, maestra de quinto de básica, se enfoca en guiarlos para ser buenos seres humanos. La profesora de la Unidad Educativa Galileo Galilei, ubicada en el cantón Rumiñahui, prefiere una metodología de aprendizaje basada en lo lúdico. Actualmente es tutora de 17 niños.

Como parte de su plan de enseñanza, la docente pone en práctica juegos en su clase, les hace bromas e incluso se sienta en el piso junto a los chicos, para estar más cerca de ellos.

Esta estrategia es conocida en psicología como gamificación, y consiste en “la integración de juegos y dinámicas que potencien la concentración, fidelización, esfuerzo y valores que ayudan a los niños a mejorar su comportamiento y educación”, explica Gabriela Taco, psicóloga clínica.

Al inicio del año escolar, los niños y la maestra crearon un manual de convivencia, en el que se establecieron las normas y principios que rigen dentro y fuera de la clase. “Si nosotros estabilizamos sus emociones, ellos pueden dar más de sí mismos”, explicó Suárez.

Un caso específico es el de José A. (nombre protegido), un niño que era conocido por su bajo rendimiento académico y mal comportamiento. Ruth Morillo, transportista escolar, quien se encargaba de llevarlo todos los días desde su casa a la escuela y viceversa, cuenta que lanzaba materiales, molestaba a sus compañeros y saltaba en los asientos. La mujer trataba de controlarlo desde el volante e incluso en alguna ocasión tuvo que parar el vehículo para arreglar la situación.

Foto: UTE en colaboración con EL COMERCIO

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Cuando llegó a quinto de básica, Silvia Suárez, su nueva profesora, empezó a trabajar con él. Notó que al darle atención, cariño y aplicando el manual de valores antes mencionado, José comenzó a mejorar.

Para complementar el desarrollo de las destrezas de sus alumnos, Silvia usa la herramienta ECA, mejor conocida como “educación cultural y artística”. Los niños son parte de juegos creativos que dispersan su mente y evitan el cansancio; los mismos que son complementados con actividades físicas como fútbol, básquet y otros deportes, que ayudan a desarrollar la motricidad y “desarrolla disciplina para cumplir metas”.

A José por ejemplo, las clases de ajedrez durante un mes le ayudaron a mejorar su concentración y memoria. Después ingresó al curso de fútbol y eso le sirvió para dejar en la cancha toda esa energía. Ahora es uno de los mejores de la clase, con buenas calificaciones y excelente comportamiento.

Freddy Marcaya, director administrativo del plantel, afirma que el reto más grande con los niños es que se sientan felices. La ayuda de los padres es fundamental.

El Colegio Galileo Galilei tiene alrededor de 20 años de experiencia y cuenta al momento con con un total de 250 alumnos. La entidad espera de sus docentes la entrega total al servicio de la educación de niños y jóvenes.

(Melissa Carranza, estudiante de la UTE)